Un bronce para abrir boca (81-58)
España culminó una brillante Copa del Mundo derrotando a Alemania y colgándose la medalla de bronce. La primera de una nueva generación de jugadoras a la que no se le intuyen límites.
¡España es de bronce! La selección española derrotó a Alemania por 81 a 58 y se colgó una medalla que hace justicia no solo a la sobriedad de su partido, sino al de un campeonato que ha descubierto en Iyana Martín (22 puntos y nueve asistencias frente al equipo alemán) un talento mundial.
El partido por el bronce en cualquier campeonato suele ser más una cuestión mental que física o táctica. Es importante entrar fuerte mentalmente para que el cansancio y la derrota previa no lastren prematuramente las opciones de victoria.
Con este convencimiento, España entró en el encuentro y supo leer el ajuste defensivo alemán colocando a Leo Fiebich sobre Iyana Martín. La base tardó un par de ataques, pero, en cuanto tuvo un mínimo hueco, anotó un triple y asistió para otro de Megan Gustafson. La pívot era la más activa en ataque y, pisando la zona, logró que la ventaja inicial creciese por encima de la decena de puntos.
El partido de las españolas era muy serio, con Martín repartiendo juego (cuatro asistencias en cinco minutos), María Conde castigando en ataque y Awa Fam haciéndose grande en la pintura (10 puntos y nueve rebotes). Muchos nombres propios de un equipo que, por mor de un parcial de 12-2, se vio con una ventaja de 22-9 cerca de concluir el primer acto.
Alemania apenas pudo contener el daño con acciones puntuales y sufrió mucho (cinco pérdidas en el primer cuarto) para encontrar a sus interiores durante los primeros minutos. Las apariciones de Nyara Sabally y Marie Guelich eran más por coraje propio que por creación de juego, pero fue suficiente para que aprovechase el parón ofensivo español y apretase el marcador con un parcial de 0-9.
El partido había cambiado, el viento soplaba a favor de las alemanas y España se salió con algunas decisiones arbitrales que fueron enviando a la línea de tiros libres a un rival que, punto a punto, llegó a empatarlo a 33 tras una canasta de Luisa Geiselsöder.
España había ido por el buen camino cuando el juego fluyó, pero las interrupciones no le sentaron nada bien a un equipo incómodo por la atmósfera deportiva y ambiental que se había creado. Sin capacidad para sacar provecho de sus 10 rebotes en ataque, se agarró al parqué como pudo y, cuanto menos, tuvo la virtud de no dejar que Alemania culminase la remontada. La renta española de cuatro puntos podía sonar a poco o mucho según se analizase lo vivido en los primeros 20 minutos.
La reanudación no parecía empezar con mejores síntomas para España. Apenas un intercambio de triples de Fiebich y Cazorla rompió un espeso inicio al que puso fin Raquel Carrera. La pívot completó un partido mayúsculo (15 puntos y cinco rebotes) y de los que consagran a estrellas porque su talento brilla a ambos lados de la pista. En el tercer cuarto se multiplicó para frenar a Sabally y sus ocho puntos consecutivos sentaron de maravilla al equipo.
El momentum volvió a ser de las españolas. La defensa cerraba filas alrededor de la zona y, como los tiros abiertos de Alemania no encontraron tino, estuvo más de cinco minutos y medio sin anotar. Tiempo suficiente para que España se escapara 16 puntos arriba (55-39).
El tesoro era inmenso y, por un instante, parecía definitivo. Nada más lejos de la realidad, porque la entrada de Frieda Bühner dio a Alemania el acierto que no había tenido en todo el tercer cuarto y volvió a apretar el encuentro. Los cambios volvieron a abrir líneas en la zona que aprovechó Sabally, pero la genialidad de Martín posibilitó que España entrase en el momento de la verdad tomando un respiro.
Por suerte, haber pasado a lo largo del partido por varios momentos complicados endureció el ya de por sí siempre competitivo carácter español. Por lo que bastaron dos errores alemanes para que Conde y Maite Cazorla afilaran el colmillo y se lo hincaran a Alemania con dos triples que dispararon la ventaja por encima de los 20 puntos.
El equipo alemán estaba en la lona. Había hecho todo lo que estaba en su mano para dar una alegría a su afición, llevó a España al borde del colapso, pero no culminar la remontada, no encontrar fluidez ofensiva (solo 22 puntos en la segunda parte) y ver cómo su rival se levantaba de la lona para castigarle le hizo perder la fe en la victoria mediado el último cuarto.
El viaje de España por la Copa del Mundo por fin llegó a buen puerto. El crecimiento del equipo durante la fase final del torneo le hizo merecedor del bronce, pero, sobre todo, deja el convencimiento general de que esta será la primera medalla de muchas para una generación que no deja de madurar y crecer en cada campeonato.




