El regalo de Andre Turner
Del 'Pequeño General' al 'Mago de Memphis', pasando por 'Mini-Magic', Andre Turner fue provocando apelativos durante una carrera eterna que partió en modo de homenaje. La leyenda de Andre Turner
Esa mañana, casi nadie estaba especialmente atento a su llegada. Aquel 9 de agosto tenía aroma olímpico, en el gran día de Fermín Cacho y la selección española de fútbol en Barcelona 92. Noticia pequeña a pie de página, casi como anécdota para rellenar el poco espacio que la actualidad deportiva dejaba, como si ese nombre no estuviera destinado a dejar una huella imborrable en el baloncesto español.
En la terminal, Tim Shea, acompañado por el presidente del Coren Orense Fito López Arribas, que por un momento quiso que la tierra le tragase cuando vio aparecer por la puerta al fichaje llamado a tomar las riendas del equipo. No parecía ni especialmente alto ("¡Pero si es más pequeño que yo!", se pudo escuchar), ni especialmente fuerte, ni, lo peor de todo, especialmente capaz de triunfar en un mundo absolutamente nuevo para él.
Se llamaba Andre Devalle Turner y estaba a punto de escribir el primer capítulo de su cuento de hadas en la acb. Las primeras impresiones solo dicen la verdad en las historias de ficción.
El Pequeño General
Memphis sonó aún mejor aquel 13 de marzo del 64, el día que Andre se presentó al mundo. Ocho hermanos, poca tradición de baloncesto y un balón como obsesión. De la casa a la pista, de la pista a casa. Tirando, botando una y mil veces, driblando a rivales imaginarios, cambiando de ritmo, volviendo a lanzar. Aún retumban en el barrio las broncas de su madre por llegar tarde a cenar.
Pronto, el instituto Mitchell estaba a sus pies. A falta de centímetros, magia. A falta de físico, trabajo y más trabajo. Turner soñó ser profesional el día que se compró sus primeras zapatillas de marca, que durante un buen tiempo creyó que se llamaban 'Mike'. En la pista, un espíritu competitivo que asustaba y un buen puñado de récords en el centro, que abandonó como líder histórico en asistencias y robos y como segundo máximo anotador de todos los tiempos.
A punto de comprometerse con Auburn, una noche lluviosa de lunes apareció el entrenador de Memphis State en su casa con un mensaje claro: "Tú tienes que dirigir mi equipo". El base asintió. En el 82, se presentaba en su nueva universidad especialmente extramotivado. Tanto que una parte de la afición le cuestionaba y un mote que hoy parece imposible volaba de boca en boca: 'André Turnover'.
Sus 3,9 pérdidas por partido lastraban a un jugador capaz de rendir sin complejos contra los mejores bases del país, haciendo mejores a compañeros como Vicent Askew o William Belford, con aroma NBA.
Algo cambió en febrero del 85. Andre no estaba preparado para oír la peor de las noticias: su padre acababa de fallecer. Mientras su equipo jugaba en Kansas -único encuentro en todo su periplo universitario que se perdió-, Turner pensó que, más que brindarle un buen partido, lo que más deseaba era dedicarle una gran carrera. El primer gran regalo estaba a punto de llegar.

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"Dámela, dame el balón otra vez", le gritó a su compañero cuando vio que el tiempo agonizaba. "No nos quedaban tiempos muertos y yo quería esa bola. Cuando vi que quedaban ocho segundos empecé a hacer mi pequeño movimiento patentado. No había duda alguna de que yo iba a lanzar ese tiro, no lo iba a dejar en ninguna otra mano". La historia estaba escrita, para desgracia de Alamaba-Birmingham, que ya antes se había merendado 21 puntos del base.
Hay tiros que cambian trayectorias y rachas que cambian vidas. Porque aquella canasta ganadora en pleno torneo final de la NCAA tuvo segunda parte. Y eso que él deseaba finales más tranquilos: "Prefiero ir 12 arriba que lanzar el último tiro", exclamaba en la previa. Pues toma dos tazas, cortesía esta vez de Boston College, que vio como el de South Memphis hacía en el torneo con una nueva canasta ganadora para meter a los suyos entre los 8 mejores del país.
Sus compañeros aún se pellizcan. "No hay un jugador más duro que él, jamás se asusta", comentaba Wilfong. "Eres muy afortunado en la vida si eres capaz de anotar un tiro así en la universidad. Él lo ha hecho dos veces seguidas", apostilló su también compañero de equipo Jim Strickland, futuro alcalde de Memphis.
Días más tarde, cuatro puntos con su firma en el último medio minuto metieron a Memphis State en la Final Four doce años después, con él celebrando no haber tenido que recurrir a una tercera canasta ganadora. Para su desgracia, la Vilanova de Harold Pressley puso fin a ese sueño, pero a Andre nadie volvería a llamarle 'Turnover' durante su carrera. El pequeño general se alzaba más alto que nunca.
Mini-Magic, el temporero
Cuatro años, cuatro presencias en la locura de marzo. En Memphis State era religión: récord de asistencias en un partido y un año, máximo asistente histórico, líder en ese apartado y en el de robos en cada una de sus cuatro campañas y 13,9 puntos y 7,7 asistencias de media en su despedida. "Es un líder en ataque y en defensa, le gusta tener el balón en sus manos en un final igualado y tiene luz verde para hacer lo que desee. Sabe lo que quiero. Solo mirad nuestro récord de triunfos y derrotas desde que él llegó", afirmaba Dana Kirk, radiante por haberle convencido cuatro años antes, en aquel lluvioso lunes.
"Es tan rápido, es increíble. Estoy convencido de que es el primer tipo que llegó de Marte", aseguró Ralph Readout, asistente de la UNLV. ¿Lo suficientemente marciano para llegar a la NBA? Con un tiro que aún no era tan fiable y un físico del que muchos dudaban, el camino fue odisea. 'The Little General' apareció en tercera ronda del draft del 86, elegido por Los Angeles Lakers.
Con la franquicia angelina nunca llegó a debutar oficialmente, pero qué abuelo no le contaría a sus nietos las buenas migas que hizo con Magic Johnson, aquel que le llamaba 'Minimagic'. Un ídolo, un amigo. Y un icono con verde némesis: Larry Bird, su siguiente compañero de equipo. Y es que, diez días después de ser cortado por los Lakers, firmaba por los Boston Celtics. En el trivial para toda la vida, ¿acaso alguien puede presumir de haber compartido vestuario con ambas leyendas?
Poco duraron sus sueños en el Garden. Tres partidos, dos canastas, cinco tiros, seis minutos por encuentro. 19 días como mejor metáfora de su nueva vida nómada, de contrato temporal en contrato temporal, buscando un hueco entre los mejores.
Equipos menores, partidos invisibles, nombres sin glamour. De Tampa Bay a los Memphis Rockers, pasando por Rhode Islands Culls, los Calgary 88's o los Miami Tropics. Un contratito por doce partidos y 75.000 dólares con los Rockets de Olajuwon, otro par de acuerdos de diez días con los Bucks, 26 en los Hornets y otra decena en los Clippers. Entre medias, el título de la CBA con La Crosse Catbirds y el MVP del Playoff en el bolsillo. Para que, al menos, no se olvidaran de él tan rápido.
Lo recordó Philadelphia, el primer equipo que apostó por él por una temporada entera (1990-91), su mejor en la NBA. 5,9 puntos, 4,4 asistencias y 20 minutos por encuentro con Barkley como compañero.** "Es mi mejor recuerdo en la NBA y con Charles lo pasé muy bien dentro y fuera de la pista. Es maravilloso"**. Sus brillantes destellos en Playoff contra los Bulls de Jordan le valieron una segunda oportunidad a tiempo completo en el firmamento americano, si bien en los Washington Bullets nunca tuvo la misma confianza que en los 76ers.
En aquel verano del 92, otra vez de noche, una propuesta al otro lado del planeta iba a transformar la carrera de alguien que no había salido jamás de su país. "Deseaba jugar partidos y encontrar una estabilidad para mí y mi familia, ya que en Estados Unidos fichaba cada año por un equipo diferente". Ourense ya le esperaba.
De los Jackson Five a la final copera
Había jugado 170 partidos NBA, mas en Europa era un auténtico desconocido. El teléfono tardar en sonar. Una noche, un antiguo entrenador de la USBL le comentó que un equipo español buscaba un base. Andre se sentó con su familia, sopesando pros y contras. ¿Un séptimo año rogando hueco en la NBA? ¿Una nueva vida apostando por lo desconocido? Al despegar, Turner no tenía dudas de lo segundo. Al aterrizar, empezó a pensar que tal vez tenía que haber hecho lo primero.

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Aquel idilio no empezó bien. Si el presidente del Coren Orense tuvo dudas, el estadounidense muchas más. "Al segundo día le dije a mi mujer que nos volvíamos para casa. No había restaurantes americanos, nunca salía el sol, el hotel me parecía pequeño, no entendía el idioma y casi nadie hablaba inglés".
Transcurrido un mes, ya nunca volvería a quejarse. El de Memphis se estrenó con 28 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias, contribuyendo a una nueva realidad en ACB. "Cuando llegué no estaban acostumbrados a tíos tan intensos, cogía a un rival y me pegaba a él toda la pista. Los árbitros tuvieron que ajustar su forma de pitar por el estilo que estábamos importando varios americanos".
El 0-7 inicial de su equipo, solo un mal espejismo. Cuánto hizo disfrutar aquella escuadra, un clásico del Top10 de Zona ACB. Pases imposibles, triples lejanos, los vuelos de Chandler Thompson, el espectáculo venía de Ourense. El Coren fue capaz de eliminar al Unicaja en octavos para plantarse en cuartos, algo que repetiría en la 93-94, con un Turner imperial dirigiendo un conjunto al que Sixto Miguel Serrano puso nombre: los Jackson Five.
23,4 puntos de media en el primer año, líder de recuperaciones de la competición en el segundo y siempre cerebro del conjunto de moda en España, el segundo equipo de muchos en esos inicios de década.
En 1994, el encanto cambió de color, pero no de intensidad. Aquel primer curso en Zaragoza fue punto de inflexión en su periplo ACB, por algo tan simple y a la vez tan complejo como atreverse con el idioma. En tierras mañas, de la mano de los Angulo, Bannister o Toolson, la misma fórmula que en Ourense:** "Cogimos un equipo en horas bajas y conseguimos buenos resultados"**.
Por aquel entonces ya se hablaba de su particular tradición de lanzarse un triple tras el salto inicial. Su baloncesto empezaba a imponer respeto. Eléctrico en el dribbling y en la carrera, veloz en sus fintas y en su mente, capaz de imaginar y liderar, de correr y de parar, aquello que a veces cuesta tanto. Su tiro iba a más y sus compañeros no lo escondían: con él eran mejores. Su Amway Zaragoza rozó la gloria en la Copa del 95 (Granada), aunque sus 15 puntos y 5 asistencias en la finalísima no pudieron con el Baskonia. Habría una segunda oportunidad. Y hasta una segunda vez para su particular verdugo.

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El talismán de los nuevos grandes
"Quiero recuperar la ilusión en Badalona". Andre Turner se presentó con la Penya prometiendo alegrías de la mano del juego alegre de Julbe. Otra vez líder en ACB -asistencias y recuperaciones-, su etapa verdinegra siempre estará marcada por León '97.
Qué torneo del Joventut, qué Copa de Turner. "Tiene licencia especial", avisó su técnico. Nadie le podría parar. 31 puntos y 6 asistencias en cuartos, un 26-8 en semis, con 9 de los últimos 11 puntos de su equipo ("Quería el balón porque tenía la muñeca caliente") y una remontada para la historia en la gran final contra el Cáceres, liderando el parcial de 0-17 que vistió de campeón a su Penya.
Sus 20 puntos, sus 8 asistencias, su defensa decisiva, su galardón de MVP. El mejor momento de su vida profesional, el viejo sueño cumplido, ya con casi 33 años.** "Había ganado la CBA pero es una liga menor, la ACB es la mejor de Europa y ganar la Copa para una ciudad que vive el baloncesto así es fantático. Para la gente es un sueño. Para mí, también"**.
'The Little General' se regaló un encuentro de locura frente al Granca (34 puntos, 10 asistencias, 9 robos, 7 rebotes, 52 de valoración), otra corona al mejor asistente y el honor de ser el jugador más votado en el All Star antes de partir rumbo a Sevilla en el 98.

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Para entonces, Bennett ya le había nombrado mejor base de la ACB ("Domina el partido como quiere") y Azofra, simplemente, el mejor americano que había llegado en años. ¿Por qué no seguir demostrándolo? Hay jugadores que escriben su leyenda liderando a los más grandes, otros salvando a los más modestos. Un tercer grupo, también de elegidos, convierten por un tiempo en grandes a los que venían de sentirse pequeños.
Al igual que en Zaragoza y Badalona, Sevilla quería vivir el vértigo de las alturas. Y al americano nunca le dio miedo a volar. "No atravesaban un buen momento y acabamos mejorando tanto que nos metimos en la final de la Liga y de la Copa del Rey". La historia no puede entender solo de títulos.
Aquel equipo, repleto de guerreros y humildes, jugaba como los ángeles. Richard Scott se preguntaba cómo diablos la chistera del mago de Memphis siempre le tenía preparado el pase perfecto e Imbroda fue un paso más lejos: "Nosotros sin Turner comos como Chicago sin Jordan".
Su lesión en la final copera frente al Baskonia, tras una exhibición de principio a fin en aquella Copa de Valencia, demostró que el técnico del CSF no había exagerado tanto. "El Mago de Memphis" pudo desquitarse en Playoff, con otra serie de ensueño para eliminar al Real Madrid y meterse en la final, si bien el Barça cambió en la final y por la vía rápida aquel guion de cuento de hadas.

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El base se fue de Sevilla con el honor de ser histórico ACB en asistencias y recuperaciones, aunque con miedo en el cuerpo por unas lesiones que parecían cortar sus alas. El CB Cáceres apostó por él, en el único año negro de su carrera. Llegó asegurando que quería ganar la Copa con los extremeños y se fue por la puerta de atrás, tras jugar solo 5 partidos. Los cuatro primeros, con malísimos porcentajes y el último, ya en la segunda vuelta, con solo un punto. Injusto final para tantas cosas ofrecidas por el camino. ¿O acaso aún no lo era?
Master universitario
La retirada, a ojos de los aficionados, estaba a la vuelta de la esquina tras un año casi en blanco en el que ni siquiera Julbe había podido cambiar su suerte. Olvidado por muchos, a más de uno le dio una alegría saber que, en la 2002-03, aún no había colgado las botas.
Lejos de los focos, lejos de los días de leyenda, Andre Turner se tomaba muy en serio el proyecto la Universidad Complutense de Lampe y Miguel Ángel Martín. "¿Retirada? Para nada. Tengo mucha ilusión por seguir jugando. Cuando mi cuerpo, mi corazón y mi mujer me digan que pare lo meditaré y será cuando llegue el momento, pero todavía está lejos".
¿Cómo se iba a retirar con exhibiciones como las que dio en Zaragoza? Un día después de cumplir los 39, firmó 22 puntos, 9 asistencias, 6 rebotes y se llevó algo mucho más valioso que una victoria a domicilio por 21 puntos: una de las ovaciones más sonoras y emocionantes que jamás presenció el Príncipe Felipe.

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Sus 19,1 puntos y 4,9 asistencias de media pesaron más que su DNI y en el verano de 2003, mientras Memphis State le incluía en su Hall of Fame, Turner regresaba a la ACB de la mano del CB Valladolid. "Siento pasión por el baloncesto, me sigo divirtiendo y seguiré hasta que el cuerpo aguante". Su cuerpo, con 12,9 puntos y 13,4 de valoración por choque, parecía mejor que nunca a los cuarenta.
Histórico ACB en puntos, minutos y triples, Andre se sacaba de la manga una actuación de dibujos animados (27 puntos con 11/12 en el tiro, 9 asistencias y 38 de valoración) en la que, ahora sí, parecía su despedida liguera. Afortunadamente, nos volvimos a equivocar.
Histórico ACB en puntos, minutos y triples, Andre se sacaba de la manga una actuación de dibujos animados (27 puntos con 11/12 en el tiro, 9 asistencias y 38 de valoración) en la que, ahora sí, parecía su despedida liguera. Afortunadamente, nos volvimos a equivocar.
Los últimos trucos del Mago de Memphis
"Me cuido mucho, amo este deporte y no quiero parar. Trato a mi cuerpo como si fuera un santo. Si no fuera así, con mi edad, hace tiempo que no estaría jugando", aseguró en su etapa en el CB Murcia de LEB, con 14,2 puntos y 4,2 asistencias para no perder la tradición, en un curso en el que fue de más a menos, acusando el cansancio acumulado.
Sin embargo, lejos de parar, 'The Little General' estaba a punto de protagonizar el año más movido de su carrera, como en aquellos días de contratos temporales buscando su hueco entre las estrellas. Andre se sintió el hombre más feliz del mundo cuando el Joventut, su Joventut, le llamó para sustituir unas semanas al lesionado Bennett. "Fue un momento increíble la ovación que me dieron en mi presentación. Una parte de mi corazón siempre estará ligado a la Penya".
📅 Hoy hace 2⃣0⃣ años... ¡el récord anotador de Andre Turner en la acb!
— Liga Endesa (@ACBCOM) December 4, 2019
3️⃣9⃣ puntos de todo un JUGÓN.#LigaEndesa pic.twitter.com/HTqpOTwCku
Tres partidos y el testigo a Ricky Rubio, una especie de hijo en la cancha. Turner había pasado de estar jugando con sus amigos en Memphis a volver a ser ídolo en España, como estaban a punto de comprobar los aficionados de Melilla. De colistas a un balance de 12-10 con 13 puntos y 4,6 asistencia por cita. Un día 29 puntos, al otro, un 14-11 para sellar la permanencia. A los 42 años también se tiene cobertura, su móvil volvió a sonar: en Menorca le necesitaban.
Pocas veces un jugador deja tanta huella con tantos años y tan pocos partidos. Cuatro encuentros, los últimos de la 2005-06, los de la salvación, su segunda salvación. 14,8 puntos de media en 29 minutos, un show total de recursos en pista, conexión con la grada y fiesta con mucho que celebrar. Su campaña con más cambios había sido una de las más especiales.
Con seis hijas, uno se piensa más cada paso. "Mi mujer siempre me dice en verano que, por favor, pare un poquito para disfrutar de la familia. Cuando la conocí le dije que el baloncesto era mi primer amor y ella el segundo. Ahora sabe que es al revés", confesó al Blog UB La Palma, penúltimo peldaño de su escalera, una vez se desvaneció la opción del CB Granada, último tren de la acb. "Mi esposa me dijo que viniese si quería... así que perfecto. Cuando mi mente y mi cuerpo me digan 'Ey, Andre, tío, esta mañana no quiero entrenar', será el momento de sentarme con ellas y decirles que ha llegado el momento de retirarme".
A sus 43, tras un inicio irregular, aún le quedó inspiración para marcarse un partido de 25 puntos y 31 de valoración o firmarse un curso de 14 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias en LEB. A los 44 se estaba sacando al fin su carrera universitaria, tras superar los 26 créditos que le quedaban como homenaje al viejo deseo de su abuela. Con 45, un 16 de mayo de 2009, casi un cuarto de siglo después de sus canastas ganadores en Memphis State, Turner escribía el último capítulo de su vida como jugador celebrando el ascenso con su CAI Zaragoza del alma. Había merecido la pena.

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Un hombre, una leyenda
"Quiero que se me recuerde como hombre por encima de como jugador de baloncesto. El jugador es importante, pero la persona lo es más, pues es lo que seguirás siendo cuando acaba tu vida deportiva y entonces te valorarán por ello", dijo entonces, orgulloso de cómo había sido su camino.
"Jugar en el extranjero fue enorme para mí porque era la primera vez que visitaba otro país. Lo mejor fue la gente del país, tan receptiva conmigo. Los aficionados se portaban muy bien con mi mujer y mis hijas, creamos una relación muy estrecha con personas al otro lado del charco", asegura hoy, en el segundo gran proyecto de su vida.
A sus 56 años, con la cara aniñada de siempre y tras haber probado como comentarista, Andre Turner es el entrenador principal de Mitchell, su casa, aquel instituto en el que exhibía sonriente sus 'Mike' mientras forjaba su magia. "A mis jugadores les digo que no hay nada que sustituya el trabajo duro. En este viaje quiero convertirles en mejores personas", añade, aquel que pone, en un pabellón que lleva su nombre, sesiones de tiro a las 6 de la mañana y entrenamientos de dos horas después de clase para evitar que sus chicos pisen demasiado las calles de South Memphis.

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378 encuentros ACB, con 16,9 puntos, 4,6 pases por partido. Histórico en anotación, asistencias, recuperaciones, minutos y triples, un recuerdo intacto, una leyenda viva. La estrella de los modestos que se sintieron grande. El boom orensano, la magia en Zaragoza, el resurgir badalonés, la rebelión hispalense, la espina clavada cacereña, la redención pucelana, el milagro menorquín. El hombre de los mil motes, la leyenda de las mil canchas. El mejor regalo posible para su padre.
