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Forjadores de la acb (I): Gasca, el precursor

Disfruta del primer capítulo del libro "Forjadores de la acb" que tiene como protagonista a José Antonio Gasca, uno de los grandes visionarios en la profesionalización de nuestro baloncesto

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Nuestra historia, como casi todas, tiene una prehistoria. Y esta lleva nombre propio: el de José Antonio Gasca, un visionario empeñado en profesionalizar nuestro baloncesto. Tan atrás como en junio de 1968, después de una asamblea de la Federación Española, joven entrenador del Atlético San Sebastián declaraba a la revista “Rebote”: “Hay que dejar sentado para siempre que son los clubs y sus representantes, las federaciones provinciales, quienes deben defender su futuro y el modo en que desean jugar”. Y atacaba el escaso, por no decir nulo, interés de los clubs por cambiar la situación: “Sus delegados continúan prefiriendo la súplica al estudio profundo del interés común. Parece mentira que no se aburran de ser comparsas”.


Cinco años después, cuando entrenaba en Francia, declara en la misma revista que “los campos se llenan al 10% de su capacidad, debido a que no existe competición” y empieza a concretar alguna propuesta para igualar las fuerzas de los equipos: que se autorice a alinear dos jugadores extranjeros a los últimos de la clasificación, uno a los de la zona media y uno también para los que ya tengan jugadores nacidos fuera de España. Al mismo tiempo proclamaba que “ningún [otro] equipo será campeón de Liga mientras Saporta sea vicepresidente del Real Madrid”.

Saporta. Don Raimundo. En principio, enfrentado al cambio del orden establecido. El hombre que dominaba el baloncesto español y, en buena medida, el europeo. En beneficio del Real Madrid, por supuesto, pero también del conjunto, como demostraría después al prestar su apoyo a una incipiente Asociación de Clubs. Hasta el punto de que Antoni Novoa, el primer presidente de la ACB, guarda de él “el mejor recuerdo del mundo”. Un directivo tan inteligente como Saporta se convenció pronto de que era mejor estar al lado que enfrentarse a un cambio radical que, más pronto o más tarde, iba a acabar produciéndose igualmente. Una prueba de ello es que durante un tiempo los clubs se reunían en el llamado “chalet de la FIBA”, que Saporta administraba en la madrileña calle de Serrano.


Cedida por Iñaki Almandoz
© Cedida por Iñaki Almandoz


Gasca y otro hombre clave en el club donostiarra, Iñaki Almandoz, personaje multifacético y loco por el baloncesto, que era presidente del entonces Dicoproga y ahora lo sigue siendo en el actual Askatuak, estaban bastante solos al principio, con el apoyo del malogrado Paco Díez en el Águilas bilbaíno, pero no cejaban en su empeño. Por ejemplo, cuando en 1976 criticaba a otros clubs por su “conformismo hacia la actual situación de este deporte, donde siguen dándose situaciones de privilegio” y su ausencia de las “reuniones de estudio hacia un baloncesto con una liga profesional”, cuya necesidad había expuesto a todos los clubs en una carta enviada el 20 de mayo de aquel año.   Un mes después, el 17 de junio, se celebró en el INEF de Madrid una importante reunión entre los clubs de Primera División y la Federación Española. No la acostumbrada asamblea general, que la Delegación Nacional de Deportes eliminó aquel año porque salía demasiado cara.

El presidente de la Española, Ernesto Segura de Luna, pretendía repetir los dos grupos de la Liga anterior. Los clubs, en cambio, querían volver a la doble vuelta clásica y una Copa con los diez primeros en eliminatorias a ida y vuelta, pero esta propuesta no fue aprobada porque faltaban ¡dos décimas! para llegar al 60% en una votación en la que participaron también las federaciones regionales, lo que provocó la lógica protesta de los clubs, defendida por el manresano Josep Salido, y el anuncio de impugnación por parte de Gasca. Tampoco triunfó la idea rompedora de Saporta para que todos los equipos recibieran más veces a los grandes: una Liga a cuatro vueltas, sin Copa. Al final se acordó una Liga a doble vuelta y dos grupos en la Copa (uno con los seis equipos catalanes y otro con los seis restantes) en la que los dos primeros iban a las semifinales. También mantener un único extranjero por equipo, no dos, con la novedad de que podría participar en la Copa.