Nota de club

El Luther celebra las bodas de oro de su estreno como sede canarista

Un 8 de febrero de 1976, hace exactamente 50 años y un día, el CB Canarias jugó su primer partido oficial en el Luther King. Repasa cómo se vivió el inicio de tan bella historia en este profundo reportaje elaborado por el conjunto aurinegro

  

Un 8 de febrero, pero de hace 50 años, en 1976, el Luther King vivía el primer partido oficial de su historia como sede del CB Canarias. Un triunfo del equipo aurinegro, entonces dirigido por Pepe Cabrera, ante el Bosco de La Coruña (73-56), en el recién creado Grupo Único de la Segunda División Nacional, suponía el pistoletazo de salida a una estrecha relación entre el colegio lagunero y el club canarista.

Fue el inicio de una bonita historia, de un estrecho vínculo que serviría de acicate para el salto cualitativo de una entidad ya entonces con cierto arraigo en la Isla, pero aún inmersa en el anonimato de las categorías regionales. El traslado al Luther sería el origen de una escalada importante, que incluiría en los diez años posteriores hasta tres ascensos a la élite o la primera participación en la Copa Korac de antaño, entre otros hitos deportivos de un club orgulloso de ser un equipo de patio de colegio, al abrigo del espíritu del Luther.

El contexto social

Corrían tiempos de cambio en aquel febrero del 76. En pleno tardofranquismo y en un mes marcado por el esfervescente clima de la Transición, con la Universidad de La Laguna (ULL) convertida en epicentro de la resistencia democrática y de las protestas culturales, con la Marcha Verde aún muy reciente y el CD Tenerife de Felipe Mesones compitiendo en la Segunda División, el CB Canarias daría un paso logístico a la postre clave en su historia, con motivo de su mudanza al Luther King.

Caprichos del destino, la efeméride coincide con otro aniversario significativo, ya que aquel mismo 8 de febrero, Walter Szczerbiak, en aquel momento en el Real Madrid y años después, en el curso 83-84, también jugador canarista, conseguía ante el Breogán un récord anotador (65 puntos) todavía vigente hoy en día.

Hubo un antes

El centro docente lagunero, fundado en 1971, cogería en aquel febrero del 76 el testigo de la pista de la Universidad y de la vetusta cancha Anchieta, casas anteriores del equipo aurinegro en varios intentos fallidos por ascender a la entonces denominada División de Honor, bajo la pizarra de Pepe Cabrera, quien había sido la década anterior alma mater del mejor RC Náutico de todos los tiempos.

En el verano del 75, el club aurinegro cambió de patrocinador principal (pasó de ser el Pepsi Canarias a competir como Canarias Caja Rural), vivió también un relevo en la presidencia, con la entrada del Padre Adán por José Domingo Gómez; y aprovechó la estrecha relación de Pepe Cabrera con el Luther para forjar un cambio de cancha a la postre clave en su futuro en el baloncesto español.

El respaldo del Luther

Profesor de Educación Física en el colegio lagunero, Pepe Cabrera, y el nuevo presidente aurinegro, aprovecharon la colaboración inestimable de Adolfo Garcia, director entonces del Luther King, para la construcción de un nuevo pabellón cubierto homologado en pleno corazón de la escuela, una iniciativa que tuvo el apoyo económico del Consejo Superior de Deportes (CSD) y que permitiría al Canarias no solo cumplir con la normativa de competir bajo techo, sino disponer igualmente de unas magníficas instalaciones polideportivas, incluidas varias canchas exteriores, para el disfrute de su cantera.

Más allá del tema logísitico, aquel fue el inicio de un importante vínculo social, ya que los profesores del propio colegio se volcaron con el proyecto canarista, ejerciendo incluso de directivos. Fue la génesis de una relación que aún perdura al paso del tiempo. Nacía la leyenda del Luther, el espíritu de un equipo que conseguiría, por fin, pocos años después, alcanzar la máxima categoría y que convertiría su cancha en un núcleo tradicional de baloncesto.

La mudanza

No fue sencillo el traslado al Luther. Y, de hecho, aquella temporada, el Canarias Caja Rural jugó más de medio curso en la pista del RC Náutico, en la Avenida de Anaga, gracias a la colaboración del que había sido durante muchos años su principal rival deportivo a nivel local.

Tras un largo peregrinar por canchas varias, que incluyó también sesiones de entrenamiento en los Escolapios o en el capitalino Palais Royal, justo después de las riñas de gallo, tal y como recoge el libro 82 años, 82 latidos de José Luis Hernández y Agustín Arias, el Canarias disfrutaría por fin de una cancha propia, aunque tuviera que jugar sus primeros partidos con las gradas todavía inacabadas.

“Recuerdo que los propios alumnos del Colegio”, comenta Luis Macía, actual coordinador de baloncesto del Luther King y ex jugador y técnico aurinegro, “ayudamos a descargar y colocar las distintas piezas del parqué, siguiendo las instrucciones del ‘Profesor’ Pepe Cabrera”.

El debut

El 8 de febrero del 76 llegaría por fin el deseado estreno oficial en el Luther, solo unos días después de que los juveniles y júnior aurinegros probaran el nuevo recinto. El Canarias se impuso aquel día al Bosco Schewppes de La Coruña por 73-56. Aquel equipo, dirigido por el propio Cabrera, era un bloque con varios júnior importantes procedentes del Caja Rural, un año antes filial del RC Náutico, caso de Fernando Esquivel, Tomi Ramos o Javier Hernández, entre otros.

Con el icodense Juan Diego Fajardo (tío del que décadas después fuera también jugador aurinegro, Diego Fajardo) ejerciendo de veterano con 25 años y Jim Brown, un ex de la Universidad de Toledo, como único americano de la plantilla, la escuadra canarista levantaban oficialmente el telón del Luther King con una trabajada victoria. Formaba parte también de aquella plantilla el entonces júnior Manolo de las Casas, pívot palmero, citado el verano anterior por la preselección española de Ignacio Pinedo, y a la postre el jugador con más encuentros oficiales en la historia del club.

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El inicio de una gran década

Aquel equipo acabaría esa campaña en la séptima plaza del nuevo Grupo Único de Segunda División, pero daría paso a una década completa de mucho BA-LON-CES-TO, con el Luther como escenario de lujo. Hasta tres ascensos a la élite, otras tantas temporadas en la División de Honor, dos de ellas ya bajo el formato de la actual acb, de la que el CB Canarias fue uno de sus fundadores, tuvieron el espíritu del Luther como fiel respaldo a un club que lograba por fin salir del anonimato insular.

Por el camino, la cancha lagunera albergó también la primera comparecencia europea del club canarista, cuando aún siendo equipo de la Segunda Nacional, se enfrentó al SSV Hagen en la campaña 77/78, en el marco de la extinta Copa Korac. La pista de Aguere acogió incluso un partido de la selección española B el 4 de junio del 79 o amistosos de postín con equipos All Star plagados de americanos de muchísimo nivel, bajo el patrocinio de Marlboro o Winston, cuya organización gestionaba el propio Pepe Cabrera.

El Luther se consolidaba así como un foco de prestigio cestista a nivel nacional y como la casa oficial del equipo aurinegro durante una década, concretamente hasta finales del ejercicio 85/86. Un idilio cuyo último capítulo coincidió además con el tercer ascenso canarista a la élite, antes del traslado al Juan Ríos Tejera. Precisamente esas dos referencias, el Luther King y el mencionado ascenso del 86 como cierre oficial a un decenio completo de partidos en el recinto lagunero, inspiran la equipación especial que La Laguna Tenerife vestirá en la próxima Copa del Rey de Valencia 2026. Un guiño al pasado, un tributo a nuestras raíces.