La conexión con Málaga, el amor a Murcia. El orgullo madridista y burgalés. La historia del niño al que llamaban jirafa y que hoy se vuelca en la lucha contra el bullying, llevándose el Premio Endesa 2022 y el reconocimiento general como uno de los jugadores más carismáticos de la competición
En el verano de 2013, a Augusto Lima le costaba conciliar el sueño, meditando durante las noches qué hacer con su vida, con su carrera, con su futuro. El cuento de hadas en Málaga se había desvanecido, la morriña brasileña iba a más y la posibilidad de regresar a su tierra tomaba cada vez más fuerza.
"Yo necesitaba solo un poco de cariño", confesaría con el tiempo a la hora de explicar por qué, con ofertas económicas más potentes, Lima quiso darle una última oportunidad al Viejo Continente y aceptar la propuesta del UCAM Murcia. Sin necesidad de abandonar el Mediterráneo, los consejos de sus compatriotas Vitor Faverani y Paulao Prestes parecían garantía de ese cariño anhelado.
Corría el 20 de agosto cuando estampó su firma para oficializar el entente. Ese mismo día, el brasileño se plantó con una furgoneta de mudanza en Murcia, con la capital medio vacía entre el periodo de vacaciones y una ola de calor que le hizo dudar en un primer momento. "Me llevé un gran susto, parecía una ciudad fantasma".
A la mañana siguiente, se plantó en el pabellón poniéndose a entrenar con el preparador Jorge Siscar de forma voluntaria, antes incluso del arranque de pretemporada. Antes, durantes y después de hacerlo, se presentó a todo aquel con el que se cruzó, fuese personal de limpieza, de oficina o cualquier miembro del staff del club, contagiándoles con su humor y su sonrisa.
Transcurridas solamente tres semanas, como si llevara toda una vida en la ciudad y en la entidad, Lima sorprendió organizando la fiesta de las fiestas para su 22º cumpleaños, invitando a su celebración a todo aquel que tuviera que ver con el UCAM Murcia. Cualquier currante del club, con o sin corbata, estaba más que bienvenido. De sus entrenadores a sus propios compañeros de vestuario, claro, pasando por el mismísimo equipo filial al completo. Una locura.
Un mes más tarde de la fiesta del año en la ciudad, el pívot protagonizaba, con 17 puntos, 13 rebotes y 26 de valoración en su estreno, el mejor debut histórico visto hasta la fecha en el UCAM Murcia. Definitivamente, había encontrado su sitio.

Nacido en Río de Janeiro un 17 de septiembre de 1991, el día en el que Guns N' Roses lanzaba sus álbumes gemelos, a Augusto César el nombre le vino por una telenovela sobre el emperador. Destinado a llamarse Marlon, como su papá comendador, el criterio de la madre y de la abuela se impuso a la hora de la verdad.
Criado en un barrio de vasto campo, zona humilde sin llegar a las penurias de las favelas, y acostumbrado en su niñez a vivir momentos límites -a su padre llegaron a ponerle varias veces una pistola en la cabeza-, al pequeño Lima únicamente le obsesionaba un deporte en su infancia. Y no, en él no había lugar para tableros o aros.
Sin embargo, el pequeño 'Gus' Lima despertó de su su sueño futbolero a una edad muy temprana, con doce añitos, cuando un repentino estirón le hizo cambiar de pelota. Pese a que, más allá de un tío lejano que se hizo árbitro, no había antecentes baloncestísticos en la familia y, especialmente, al hecho de que sus padres le animaron a volcarse en el voleibol, el niño más alto de la clase optó por dibujar su propio camino. Unas pocas cintas de vídeo de Oscar Schmidt por aquí, otras tantas de Michael Jordan por allá. El amor al básquet sería instantáneo.
Fluminense, Sao Paolo, clubes que suenan a mística sobre el césped, y por los que él transitó a través del parqué, haciendo tanto ruido por su físico y por su talento que los primeros informes volaron pronto hasta el otro lado del charco. En Lima había material para construir algo grande: envergadura por sus infinitos brazos, intimidación a raudales, una actitud encomiable y un potencial atlético que llamó la atención a varios de los proyectos más ambiciosos de la acb. "Este niño saldrá pronto de casa", asumirían con resignación sus padres, cargados de inevitable razón.
Pocos lo saben, pero Lima estuvo a punto de comenzar a escribir su historia en Vitoria, pues el Baskonia fue el más rápido en ofrecerle una oportunidad, cuando solo tenía quince años. "Probé un mes allí, ilusionado por seguir los pasos de Splitter y Huertas, pero no salió bien y acabé poco después en Málaga".
En el verano de 2007, un adolescente carioca aterrizaba en la capital de la Costa del Sol. "Yo me decía... '¿pero dónde estoy?' Llegué un año antes de la crisis y había bastante dinero. Me sentía muy pequeño en ese mundo, pero sabía lo que quería", reconocía recientemente en El País, descifrando su meteórico ascenso en la ciudad de la 'Manquita'.

Dos campeonatos de España, dos títulos, con 15,6 puntos, 11,6 rebotes y una valoración media que rozó los 25 créditos por partido en su último entorchado. Del equipo EBA al Clínicas Rincón Axarquía de la Adecco Oro. Dos tutores enseñándole reglas, derechos y obligaciones. Los consejos de Paco Alonso o Paco Aurioles, las enseñanzas de Jesús Lázaro o Ramón García.
Tras la lesión del mediático Printezis, el chico que hasta poco antes devoraba kilos y kilos de napolitanas de pollo recibió un 14 de octubre de 2009, con 18 años recién cumplidos, la llamada más importante de su incipiente carrera. El mito Aíto García Reneses, técnico de Unicaja, apostaba por él para estrenarse en Manresa con el primer equipo. Aquel día, tras la segunda falta personal de Freeland, Aíto miró al banquillo y le dio la alternativa, como si todo lo vivido hasta entonces fuese solo el prólogo de la novela que estaba a punto de arrancar.
El Nou Congost, de testigo. En solo 14 minutos, 'Gus' sumó 11 puntos, 5 rebotes y 17 de valoración, llamando la atención de propios y extraños, que ni siquiera sabían bien de dónde había salido ese joven de juego tan físico dispuesto a formar con Larry Lewis (40 años) la pareja interior más diferente de toda la competición, en una relación con tintes de padre a hijo.
Pese a la confianza de García Reneses ("Soy quien soy gracias a Málaga y a Aíto", llegaría a asegurar el pívot), que insistía en que tirase más lejos del aro para multiplicar su peligro, a Lima le costó encontrar su lugar en Málaga. 9 partidos el primer año, un sarampión inoportuno en verano y otros 7 en la primera parte de la 2010-11, con algún destello (14 puntos, 8 rebotes y 18 de valoración en un partido de Euroliga) que hacía seguir creyendo al Unicaja. ¿Y si había que cambiar la estrategia con él? ¿Y si una cesión y más tiempo de juego sacaban definitivamente todo lo que llevaba dentro su perla brasileña?

En enero de 2011, el vecino CB Granada recibía a un jugador tan motivado que hasta se cambió el nombre de su camiseta, llevando el nombre de 'Brito', su otro apellido, a su espalda. "Lo hago porque quiero demostrar todas las cosas que puedo hacer", explicaba, intentando liberar la presión de ocupar plaza de extranjero con tan corta edad y experiencia.
Aquel Cebé acabaría descendiendo, si bien 'Gus', con 8 puntos, 5,5 rebotes y 8,2 de valoración media en 18 minutos por encuentro, sitió que había aprovechado su oportunidad. "Solo puedo decir cosas buenas de Granada, una ciudad increíble. Aquel curso supuso un punto de inflexión en mi carrera".
No obstante, de vuelta a Málaga, lo que en el anterior verano fue sarampión, en el de 2011 llegó de la mano de una inoportuna hernia discal (L5-S1), regresando lesionado de su concentración con la selección brasileña. En el ejercicio venidero, una línea de altibajos y el enésimo contratiempo (en forma de quiste en su mandíbula) le llevaron a una conclusión tan dura como certera. No había remedio. Ni el hecho de sacarse la nacionalidad española, ni siquiera el haber renovado hasta 2014: lo suyo con Unicaja era una bella historia de amor sin final feliz. E interrumpida a destiempo.
"Salir de Málaga fue como despedirse de una madre. Nunca entendí lo que querían de mí, aunque no pasa nada pues me dieron la oportunidad de mi vida y se lo agradezco. Los caminos se separaron, pero sigo queriendo al Unicaja", analizaría con el tiempo aquel que se depidió exclamando que Málaga era su ciudad y el verde, su color. Sus dudas, su tentación por volver a casa, su flechazo con Murcia, su debut. Y una oda al poliamor, pues sin dejar de sentir por su pasado, aprendió a enamorarse de su presente.
Un amor correspondido, desde luego, pues su don de gentes ayudó a favorecer un clima que hoy rememora con la añoranza del que cuenta viejas batallas de la juventud. "Qué unión en aquel vestuario", recuerda en la actualidad con los Rojas o Radovic, ensalzando el papel de Raulzinho Neto. Qué piña aquella. Los jugadores de aquel plantel iban juntos a todos lados, ya fuese para comer, tomarse una cerveza, ir de compras, disfrazarse, pasear al perro o, incluso, para hacerse un tatuaje. Las barbacoas constantes, con estudiantes Erasmus de Brasil o Portugal que compartían brasas con estrellas de la acb, mientras estas celebraban una victoria, una buena racha o la llegada del verano.

Sobre la pista, el edén de la regularidad, la tan cacareada regularidad, para entrar en una dimensión mayor, más ambiciosa. "En Málaga era un joven de cantera y aquí mi rol cambió". Tanto que multiplicó por cuatro su anotación (10,3 puntos de media) y por cinco su valoración (13,9), sin que el infortunio -otro golpe en mayo de la mano de una fascitis plantar- cortase esta vez sus alas. "Quiero ser más", perjuraba en los albores de la 2014-15, en la que debutó con 22 puntos, 7 rebotes y 31 de valoración para ser, por primera vez, Jugador de la Jornada. No sería la última.
Augusto Lima se erigió, en la 2014-15, como jugador favorito en la votación popular para ser MVP, con una candidatura más que sólida: 10,4 puntos, 7,2 capturas (máximo reboteador de la competición) y 16,6 de valoración por encuentro. Su progresión llamó la atención del Real Madrid, que tras conquistar la Liga Endesa 2014-15 intentó hacerse con sus servicios en verano, logrando finalmente firmarle en enero de 2016. A sus 24 años y despedido por los suyos como un héroe, aquel destinado a emperador para su madre y abuela, acababa de tocar la cúspide de su carrera.
"Estoy muy feliz y muy nervioso porque es algo que nunca viví. Todo esto es muy grande y resulta bonito saber que el esfuerzo valió la pena. Veía a los Rudy, Llull, Reyes o Chacho por televisión, soy un fan de ellos y es un sueño jugar au lado. Un sueño del que no me quiero despertar nunca, pues nada hace más feliz en la vida que cumplir uno de ellos". Escuchándole en su presentación, nadie dudó que, aunque fuese para jugar diez segundos, él los jugaría a muerte.
A las tres semanas, ya había ganado una Copa, con 8 de valoración en 9 minutos en la final. A los pocos meses, la Liga Endesa. El jugar con Doncic ("Dios le hizo para jugar al baloncesto, un jugador entre un billón"), una especie de tercer título. "En Murcia era la estrella y aquí, un secundario que se prepara para aprovechar sus oportunidades", se mentalizaba, mientras arañaba casi 12 minutos por partido en la escuadra que revalidó título liguero. Y cómo lo supo celebrar.

No duró mucho más su odisea blanca, pero Lima, que se despertaba sin creérselo cada mañana, sigue en una nube por haber podido vivir algo similar. "Es lo más alto que puede llegar un deportista. Fue un periodo corto, pero tengo los dos títulos en la estantería y cada día me acuerdo de ellos", confesaría en la mencionada entrevista con El País.
A partir de ahí, aquel que tan pronto echó raíces en Málaga y Murcia, se vistió sin esperarlo de nómada. Primera parada, Kaunas, allá por la 2016-17. Una de las aventuras de su vida, con tantos problemas fuera, a causa de su falta de adaptación al frío y a las pocas horas de luz, como conexión con la grada y con la institución. Ahora bien, el paso de Augusto César por el Zalgiris (4,6 puntos, 3,7 rebotes en Euroliga) será siempre recordado por una rueda de prensa en la que él ni siquiera estaba.
Al técnico Jasikevicius le preguntaron insistentemente por la ausencia del brasileño, que había viajado a Murcia para ver el nacimiento de su hija Alba. La respuesta de Sarunas, carne de vídeo viral: "¿Tienes hijos? Cuando lo tengas, lo entenderás. Es la mejor experiencia del ser humano. Creéme, ni títulos ni nada. Lima está emocionalmente en el cielo y yo estoy feliz por él". Tanto recorrido tuvieron aquellas palabras que, a su regreso a Lituania, 'Gus' se encontró, por sorpresa, rodeado de periodistas en el aeropuerto y sin tener ni idea de la estéril polémica, agradeciéndole de por vida el gesto a su entrenador cuando se enteró de qué iba la película.
Supuso el colofón a una etapa de aprendizaje en la que se sintió tan cómodo que llegó a arrepentirse de no haberse quedado en tierras lituanas durante un curso más. En lugar de eso acabó marchándose al Besiktas turco, que abandonó tras cuatro meses, previo pago de cláusula, por una mareante oferta del Xianjiang Flying chino. Un sueldo que se triplicó, una competición que le sorprendió y el primero de sus regresos a Murcia, todo de noviembre a febrero. Fueron solo 14 encuentros ligueros en aquella vertiginosa 2016-17, los suficientes para que el "¡Lima, Lima!" volviese a sonar en un Palacio de los Deportes que disfrutó con el histórico paso murciano por la BCL, quedándose a dos pasos del título.

Una pildorita con la que endulzarse en su siguiente mala experiencia, la peor: el Cedevita croata pasó de contratarle por dos años prometiendo lo más grande a dejar de pagar a nadie de aquel plantel. Ni un euro para su técnico Sito Alonso o su inseparable Benite, con el que el destino le tendría reservado otro guiño en su retorno acb. "De pequeños, él era la estrella de la selección brasileña y a mí me daban ganas de meterle un puñetazo. No me hablaba porque su mejor amigo me odiaba, aunque cuando ese dejó de ir a la selección, Benite empezó a quererme. Somos como un matrimonio". Con o sin papeles, su tercera luna de miel se vivió en Burgos, casi de casualidad, negociando ambos con el Hereda San Pablo sin saber que el otro lo hacía, y reencontrándose a los pies de la catedral burgalesa.
Allí vivió la pandemia, sí, tan lejos de su pequeña Alba, por la que, antes del confinamiento, conducía cada sábado o domingo noche de Burgos a Murcia. Pero aquel escudo y aquellos colores fueron también testigos de otro de los momentos cumbres en su carrera acb, cuando ayudó a la histórica clasificación del Hereda SPB para semifinales de la Liga Endesa. El fin perfecto de un ciclo que precedió su tercera etapa en casa, pues pase lo que pase en su carrera... Murcia siempre será su casa.
"En la pandemia aprendí que el dinero no lo es todo. Es el momento de estar con mi familia y este club es mi familia. Quiero hacer cosas grandes aquí", prometió en la rueda de prensa de su retorno, reencontrándose primero con Sito Alonso y luego, cuando las medidas sanitarias lo permitieron, con unos aficionados que le adoran todavía más por lo vivido en estas últimas dos temporadas, con el hito de las semifinales alcanzadas en la última Copa del Rey.

"Esto es como si vas al teatro y no tienes feeling con el artista, no puede ser. Me encanta conectar con la grada". Y lo hace de forma tan natural como cualquiera del sinfín de repeticiones que colorean sus rutinas en días de partido. Su ronda de lanzamientos por la mañana, el cocinar para relajarse, su siesta, su despertar con música, del house al hip hop, pasando por el reggaeton. El mismo camino, el mismo aparcamiento, el café. La enésima rutina de tiro, su baño, su revista, su calentamiento. Y sus pantalones remangados para que no le rocen el muslo. Y ya van 162 repeticiones a sus espaldas.
En esta media docena de temporadas -cuatro enteras y dos incompletas-, a 'Gus' Lima**** le ha dado tiempo a convertirse en el líder histórico en el club en tapones y mates, amén de ser 2º en rebotes -1º en ofensivos-, tiros de dos y faltas recibidas, 3º en recuperaciones y minutos y 4º en partidos. Una leyenda en Murcia. Un pedacito de historia de la Liga Endesa.
Amanecer tras amanecer, Augusto César Lima aparece cantando en el pabellón a las 9 de la mañana, saludando efusivamente a conserjes, recepcionistas y limpiadoras antes de llegar al vestuario, donde no baja el ritmo ni la intensidad. "Allá por donde paso me gusta llevar alegría a las personas, que se contagien de ella hará que todo vaya mejor. Es mi manera de ser".

Esa que le hace sentirse integrado con los diferentes colectivos de la ciudad y la región, hasta el punto que un día se le ve en Alcantarilla animando al Hozono Jairis en su partido de ascenso a la élite del baloncesto femenino, al otro felicita al Real Murcia de fútbol y al siguiente presume de su amor por la gastronomía murciana, de Casa Tomasa al talismán del Quijano.
Apasionado de las carnes rojas y loco total por el sushi, cada vez que se estresa Lima se sube a su paraíso de Fuensanta, donde el mundo se ve distinto. Y es que, por muchas sonrisas en su día a día, su profesión entiende mucho de frustraciones: "Odio perder, se me da muy mal". En cada una de sus "muchas vidas vividas", como le gusta repetir, hubo derrotas que le transformaron en una persona más fuerte. El tiempo y la madurez hicieron el resto.
Aquel que presumía entre risas con Fermoso en Movistar+ de que, a la hora de ligar, le podrían retirar perfectamente la camiseta en Málaga, Granada y Murcia, es hoy un orgulloso papá que observa la vida con un prisma muy diferente, deseando mil y una veces poder congelar el tiempo: "Desde que soy padre, las cosas cambian mucho". Y él ya no se calla ni una. Ni en Twitter ("Los deportistas tenemos que decir las cosas de frente") ni ante injusticias o lacras de la sociedad, luchando contra el acoso escolar a través de charlas, y participando muy activamente en el Quinteto contra el bullying: "Hay que saber diferenciar una broma que se lleve bien de las que puedan crear un trauma. A mí de pequeño me llemaban jirafa, aunque la primera vez que lo escuchas, no piensas que es bullying".
Por iniciativas así, aquel que un día Katsikaris definió como el jugador más noble que entrenó en toda su carrera, ha sido homenajeado con el Premio Endesa 2022, otorgado al brasileño para reconocer sus valores de actitud, liderazgo, eficacia, generosidad y entrega tanto dentro como fuera de la pista.
Un galardón distinto, sí, pero al que mirar con orgullo al lado de su Copa y su Liga en una vitrina repleta de momentos, anécdotas y apasionados romances. Un sinfín de historias que le llevaron a ser, camino a cumplir media vida por las canchas de todo el país, uno de los jugadores más carismáticos de la competición que hoy le distingue. Ese trofeo era suyo.
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