Habituada a ganar, la pasada temporada fue una decepción en la carrera de Laia Palau. Como capitana le tocó vivir el año más duro del Ciudad Ros Casares. Por suerte, hoy el pasado reciente es historia lejana y Laia vuelve sonreír. La base nos cuenta la ilusión que se respira en un equipo que vuelve a ilusionar
Redacción, 13 oct. 2011.- Cuando este sábado por la tarde dé comienzo la liga Femenina 2011/2012, se cerrara uno de los ciclos más negativos en la brillante carrera de una jugadora que lo ha ganado prácticamente todo. Será el momento en el que Laia Palau volverá a sonreír después de una temporada donde vivió más derrotas y decepciones de las que estaba habituada a vivir.
Como capitana tuvo que ver como el proyecto de Ciudad Ros Casares naufragaba la pasada campaña quedándose sin ningún título después de ser tetracampeón de liga y finalista de Euroliga. Para Laia fue una situación extraña y por momentos difícil de digerir. Llevo fatal lo de las derrotas. Debo decir que no he perdido mucho en vida y cuando se pierde mucho se relativizan las derrotas. El año pasado fue un año muy duro porque cuando estas en un equipo como el Ros perder es como perder tres veces y, siempre lo he dicho, un año en el Ros son tres años en cualquier otro equipo...y si es malo, cinco, señala una Laia que recalca que a nadie le gusta perder porque quiere decir que hay algo que no terminar hacerse bien.
Laia reconoce que le cuesta dormir tras la derrota y recuerda lo dura que fue la derrota en la final contra Perfumerías Avenida. Aquella noche la compañía y conversación de su compañera Jana Vesela alivió lo que era el fin a una temporada negra. Estaba cansada después de la temporada y fue difícil porque a pesar de jugar bien allí perdimos y volvimos a perder en casa, recuerda.
Y para colmo, llegó el mes de junio y cuando la Selección debía ser un lugar para recuperar la sonrisa, el sueño del oro se convirtió en pesadilla. Ha sido un año para olvidar. Lo de la Selección no sé ni como comérmelo. El otro día hablando con Vesela le preguntaba que qué hacíamos este verano y cuando me dijo que se iba a Londres me quedé en blanco. Cada día de mi vida soy consciente de que hemos perdido la oportunidad de una olimpiada, pero a veces ya consigo olvidarme de ello, se sincera. No obstante, Laia reconoce que entre las compañeras de selección no queremos hablar mucho porque es un dolor importante.
Vuelta a empezar
Como cada año, tras la competición Laia cogió su furgoneta y viajó. Esta vez visitó los fiordos noruegos donde encontró el momento de desconexión que tanto anhela. Período donde a buen seguro se refugiaría en sus queridos libros, tocaría el cajón y seguro que pensaría en cómo mejorar... porque aunque le extraña cuando le preguntan por su competitividad, Laia es una competidora nada. No sé si soy competitiva, simplemente quiero hacer bien mi trabajo. Pero no creo que sea una gran competidora, de hecho creo que siempre me ha faltado competitividad, asegura.
Sin embargo, hay un hecho que no pasa desapercibido para nadie. Laia Palau ha sobrevivido seis temporadas a la presión de ganarlo todo en Ciudad Ros Casares e incluso se ha mantenido en el momento de reestructuración que la entidad vivió la pasada temporada o este mismo verano. Y es que equipo y jugadora parecen estar en permanente simbiosis.
El nivel de autoexigencia es compartido. Por eso estoy aquí, me va la marcha. Es duro pero me gusta, señala Laia. La jugadora reconoce ser una persona de proyectos largos y, pese a que le encanta viajar, desea identificarse con los proyectos. Quizá por ello Valencia y con el club de la familia Ros se siente plenamente identificada. Estoy implicada a muerte con el Ros y si hay que hacer vigas voy y las hago, dice bromeando. La base catalana ha encontrado en Ciudad Ros Casares un segundo hogar. Ella, tan familiar como es, tiene en Valencia un lugar donde soñar cada noche. Pienso que estoy en uno de los mejores equipos de España y Europa. Estoy en Valencia, tengo mar, montaña... soy mediterránea. Esto es lo que necesito. He conseguido ubicarme en mi barrio y esto es muy importante. Me voy a quedar aquí hasta que quieran, asegura.
Un sentimiento correspondido porque la afición la cuida como una de sus protegidas y desde la entidad se valora la implicación de la gran capitana. Supongo que puedo ser importante en algunos aspectos y entiendo que un club quiere a gente implicada como lo puedo estar yo. Pero también sé que no soy eterna aquí y tengo claro que cuando no valga me iré, aunque se puede valer de muchas maneras... Creo que soy importante, pero porque quiero estar aquí y creo que eso es bueno para un club, dice. Quizá esta unión perfecta nazca del carácter de ambas partes y es que nadie mejor que Laia Palau para simbolizar el nervio y la fuerza de las chicas de acero.
La Chispa
Si el baloncesto masculino tiene a La Bomba, el femenino encuentra en La Chispa a su particular genio. Y es que el juego de Laia es imprevisible, dinámico y del que se puede esperar lo imposible... hasta meter dos triples de medio campo en el mismo partido. Soy puro nervio, siempre estoy corriendo por la pista. Si hubiera una guerra creo que sería buena soldado. Iría por ahí por el monte y me escondería y haría incursiones... tengo calidad para esto. Mi cuerpo es un cuerpo guerrero, dice. Curioso contraste cuerpo guerrero en una mente pacifista.
Y es que conocer a Laia Palau es conocer a una mente inquieta, capaz de devorar libros y rodearse de artistas para empaparse de sentimientos. Los libros ayudan siempre, a todo. Para mi es vital. Tengo una frase escrita en la pared de mi comedor. Los libros son una puerta. Los libros son una puerta a todo, a aprender a vivir, a ponerte en la piel de otro y vivir situaciones que no vivirías. Para mí un libro es uno de los mejores amigos. Los libros ayudan a aportar ese punto de reflexión que todo base necesita y es otra de sus aficiones como es tocar el cajón, la que aporta ese ritmo y chispa que demuestra en la pista. Me gusta la percusión, tengo un ritmo interno y en el baloncesto parece que una base debe llevar el ritmo del equipo, comenta.
Curiosamente, esa paz que transmite fuera de la pista se convierte en un torbellino de energía cuando está sobre una cancha de baloncesto. Soy una jugadora que doy dos imágenes muy diferentes. Las rivales y el público en general pueden pensar que soy un poco asquerosa porque tengo carácter y no sonrío nunca cuando juego. Pero no consigo sonreír porque estoy muy centrada o simplemente porque no me da tiempo a sonreír. Como si viviera permanentemente enfada, Laia va a su particular guerra semanal con tal ímpetu que son famosos sus enfados en la pista; tanto es así que se ganó tener su propio grupo en Facebook A mí también me encantan los cabreos de Laia Palau. Me lo ha dicho varia gente y me hace gracia. He visto alguno de mis enfados y me pongo muy salvaje, pero es que no puedo evitarlo, dice mientras su rostro dibuja una sonrisa.
Hoy puede sonreír, el sol sale de nuevo sobre su cabeza e ilumina un panorama que no sólo se cubrió en el pasado de tonos grises por las derrotas, sino también por las molestas lesiones. Llevo fatal lo de perder pero si es justificado porque has hecho lo que has podido, pues te quema pero se lleva. Una lesión es diferente porque duele cada día. Estas fuera, ahí, en la cuneta, y duele. Hasta ahora he tenido suerte con las lesiones y espero ver pocos partidos fuera, señala una jugadora que la temporada pasada estuvo sin jugar tres semanas por una pubalgia.
Factores como las derrotas y las lesiones a las que, por suerte en su carrera, nunca se acostumbró hicieron que Laia Palau se sintiera perdida. Hay momentos donde no se ve la luz y parece que estás cavando un hoyo, comenta. En esos momentos cada uno debe buscar un motivo, una excusa a la que agarrarse y Laia Palau hace un tiempo que encontró en un psicólogo deportivo a la persona que le trasmita serenidad. Hace un par de años empecé a ir un psicólogo deportivo, no es que fuera determinante, pero como soy muy mental, me obsesiono y cuando no van las cosas la cabeza no me permite que fluyan las cosas y me desatasque. Él me ayudo como jugadora y persona. Mi mayor enemigo ha sido mi cabeza... como creo que es en todo el mundo. Sin embargo, como el cuerpo me ha respetado creo que la cabeza es donde más he podido trabajar porque a veces me lío, se sincera.
El inicio de un sueño
Hoy esa oscuridad da paso a un resplandeciente por venir. Simplemente preguntar a Laia por cómo se encuentra es un síntoma de su estado de felicidad. La sonrisa ilumina su rostro y es que si a nivel personal dice sentirse en un gran momento, a nivel profesional la plantilla confeccionada por Ciudad Ros Casares ilusiona. Vengo cada día y pienso voy a entrenar con Ann Wauters y vengo más contenta. Todavía no hemos hecho nada, pero me da igual, estoy feliz, asegura. La realidad es que el equipo apenas ha competido, pero la plaga de estrellas que hay (y las que están por venir como Sancho Lyttle, Maya Moore y Lauren Jackson) auguran una temporada llena de éxitos.
Y claro está, cuando se habla de estrellas y Ciudad Ros Casares, siempre surge la eterna pregunta ¿será este el año donde se consiga la Euroliga? Laia lo tiene muy claro, la Euroliga debe ser un objetivo, nunca obligación. Y es que por mucho que se exija o se meta presión desde fuera, ella es sabedora de lo difícil que significa ganar un título. La gente puede exigirnos lo que quiera, el Ros va a lo que va, que es a intentar ganar la copa de Europa como cada año. Que tenemos un buen equipo y tendríamos que estar arriba y competir sí, pero el deporte no son matemáticas y a veces la lógica no sale.
Pocas jugadoras como ella viven con mas expectativa esta temporada. Lograr el título continental sería culminar una brillante carrera pero eso no hace que viva el objetivo con ansiedad. No es obligación, lo vivo como objetivo e ilusión, pero el mismo que tiene el club y cada jugadora. El club ha redoblado esfuerzos, ha traído a algunas de las mejores jugadoras del mundo y ha mí me hace ilusión pero no estoy obligada, afirma una Laia Palau, que, no obstante, reconoce que ese título es lo que me falta y me haría mucha ilusión.
Me siento muy satisfecha con lo que he hecho hasta hora. No he ganado una copa de Europa, pero hay mucha gente que no la ha ganado y que tampoco ha estado en una Final Four. Ganar no es nada fácil, se tienen que dar muchas cosas y que luego llegado al final todo salga bien el día clave, declara Laia. Ella como capitana será pieza clave para que por fin este año se alineen todos los factores y el sol nunca se ponga en Valencia.
Comparte en