Tras el estratosférico debut de Patty Mills, viajamos en el tiempo para recordar el estreno de George Gervin, Ralph Sampson y James Donaldson, tres All Star con caminos muy diferentes en la acb
Se llama Patty Mills, es una estrella del baloncesto mundial (campeón NBA, donde jugó más de mil partidos), un ídolo absoluto en Australia, a la que vistió con bronce olímpico en 2021 y es, desde este mágico mes de marzo en San Cristóbal de la Laguna, la gran ilusión aurinegra.
El de Canberra tuvo un debut estratosférico con La Laguna Tenerife, guiando a su nuevo equipo a una victoria en Málaga con tintes históricos (70-95). Su primera parte, colosal, dejó helado al Carpena, que vio impotente como el australiano anotaba y anotaba hasta alcanzar los 24 puntos en apenas 22 minutos sobre el parqué. El mejor estreno en el siglo por parte de un jugador de la escuadra tinerfeña.
Con él, el debate tomó la palabra. Y es que, con sus actuaciones con los Spurs tan recientes, los más jóvenes se preguntan si acaso hubo muchos más ejemplos históricos de jugadores tan laureados al otro lado del charco antes de su aterrizaje en el planeta acb.
Es complicado trazar la línea y los mitos vienen pronto a la cabeza. ¿Berry? ¿Hopson? ¿Seikaly? ¿Kenny Walker? Metiendo condicionantes la lista se complica más. Los hay campeones de la NBA (de los hermanos Gasol a Larry Spriggs, pasando por los Oberto, Massengurg, Tabak, Simpkins, Breaux, Petruska, Mcnamara, Branch, Cardinal, Landsberger, Lamp, Iavaroni, Burrell o el más reciente Lamar Odom) a los que llegaron a ser All Star tras pasar por la acb (Doncic, Porzingis, Sabonis, Dragic y de nuevo Pau y Marc) o antes, con tres casos muy marcados en era acb que merece la pena recordar. Los de George Gervin, Ralph Sampson y James Donaldson. Tres capítulos nostálgicos antes del estreno de ensueño de Mills.
El TDK Manresa tiene el honor de haber hecho, probablemente, el fichaje más impactante de la historia acb. Aunque pocos saben la casualidad que lo hizo posible. Por un lado, el jugador quería un cambio de aires tras superar sus problemas de adiciones y alejarse de la NBA (jugaba en la CBA). Por otro, el hijo mayor del presidente Carlos Casas fue la pieza que resolvió el puzle. "Tenía ocho nombres en la cartera y Gervin era uno de ellos. Aunque yo no recordaba su trayectoria NBA y tuvo que ser mi hijo mayor el que me dijera lo que había sido", confesó el máximo mandatario manresano, que decidió consultarlo con Szczerbiak, entonces embajador acb.

Walter dio luz verde y Casas se atrevió a pedirle una prueba inicial. "Es como si te dan un Rolls-Royce y te lo quedas antes para probarlo", respondió su representante, convenciendo al presidente: Gervin acabaría vistiendo la elástica del TDK. El elegido entre los 50 mejores de la historia, 4 veces máximo anotador NBA, 5 en el Mejor Quinteto y 9 veces All Star tomaba el reto de salvar a su equipo, en una difícil temporada. Un 20 de enero de 1990, días después de congregar a medio millar de personas en su primer entrenamiento, George se estrenó ante el Cajacanarias. 23 puntos en el primer tiempo, 31 al final del choque. Su listón estaba marcado.
En aquel curso acabó promediando 25,5 puntos y 5 rebotes por partido, salvando la categoría del TDK Manresa en una inolvidable serie ante el Tenerife Nº 1, con la guinda de sus 43 puntos en tierras tinerfeñas para amarrar la categoría. Su legado, además, fue material, algo de lo que aún presume: "Ayudé a poner al club en posición de poder exigir un nuevo pabellón". La primera piedra del Nou Congost.
Su aterrizaje a comienzos de 1992 en el Unicaja también tuvo miga. El club malagueño buscaba un revulsivo para levantar los ánimos de la afición en un curso irregular y se atrevió a apuntar muy alto. Un ex del equipo malagueño, Mark Iavaroni, habló maravillas del club y la ciudad y lo que parecía imposible se consiguó. Ralph Sampson, número 1 del draft, pareja de Olajuwon en las míticas Torres Gemelas de Houston, 4 veces All Star y MVP en uno de ellos (1985, eclipsando a Abdul-Jabbar y Magic Johnson), defendería el morado y el verde cajista.

"Es el mejor jugador que ha venido al baloncesto europeo", diría el presidente en la rueda de prensa de su presentación, avalado por su antiguo compañero Jeff Lamp que, consultado por Unicaja, garantizó 25 puntos y 15 rebotes de Sampson en cada cita. "Estoy en condiciones de jugar, seguro que voy a triunfar aquí", aseguraba el pívot norteamericano, que firmaba un contrato hasta final de curso con opción de renovación por parte del club. Spoiler: ni se lo plantearían.
El idilio cajista de Ralph apenas duró 8 partidos. El día que debutó, un 11 de enero, Sampson sumó 9 puntos, 6 rebotes, 2 asistencias, 1 tapón y 11 de valoración en 36 minutos. "Un debut de lo más decepcionante", dirían las crónicas sin saber lo que venía. Un pequeño tramo de optimismo, con números parecidos a los de su estreno, y una caída en picado, con el -10 de valoración ante OAR Ferrol como señal de alarma. Ya no levantó cabeza, promediando 7 puntos (29,6% en el tiro) y 6,8 rebotes en su periplo en Málaga. Allí, números aparte, se le recuerda con cariño y hasta un puntito de orgullo. No todos los días ves de cerca a una leyenda.
Otro miembro del selecto club de estrellas NBA que fueron All Star antes de llegar a la acb. En su caso, allá por 1988, cuando jugaba con los Dallas Mavericks, el escenario parecía muy diferente al de Gervin o Donaldson. Temporada 96-97, el Caja San Fernando buscaba músculo y poderío interior para su estreno en Euroliga, tras ser subcampeón liguero la anterior campaña, y James Donaldson parecía un fichaje perfecto. Y más tras la entrada de la Ley Bosman, con pasaporte comunitario por nacer en Gran Bretaña, destino militar de su padre.

Pese a su ilustre currículum, el hecho de no ser una súper estrella conocida al otro lado del charco y de venir precisamente de estar jugando en Europa, provocó que la expectación fuese menor. Menos portadas, menos entrevistas y hasta menos expectativas, pues ni los análisis previos le situaban como estrella en un CSF donde Michael Anderson era el rey. Su rendimiento lo confirmó. Curiosamente, como en el paso de Sampson, fue de más a menos, con su debut (8 puntos, 12 rebotes, 16 de valoración en 24 minutos para ganar al Taugrés) como mejor actuación.
A partir de ahí, cifras discretas. No conectó con Petrovic (le apartó y pidió que le cortaran: "Aquí se defienden los colores, se tenga 19 o 40 años"), no encajó en el estilo español, al que achacaba falta de agresividad, y especialmente nunca tuvo bien claro su rol: "Era un error esperar que meta 20 puntos y coja 15 rebotes por partido. Yo he sido siempre un jugador de equipo y aquí hubo partidos en los que solo éramos 5 tipos jugando individualmente". Una veintena de partidos con 3,9 puntos de media y un clínic a una perla de aquel entonces para irse con buen sabor de boca, al menos por el aprendizaje. "He sabido echarme a un lado y dejarle sitio a Nacho Romero, que tiene futuro. Ahora estaré preparado para cualquier situación que se dé en mi vida cuando no juegue al baloncesto", aseguró, aplazando su retirada unos añitos más, en los que le dio tiempo a subir al Breogán a la acb. Genio y figura.
Este próximo domingo (13:00, hora peninsular), los aficionados de La Laguna Tenerife vivirán el segundo capítulo liguero de un Patty Mills que quiere demostrar que su exhibición en Málaga no fue casualidad. Mucho más Gervin que Sampson o Donaldson en su primer día como jugador acb, el australiano quiere escribir su propia historia en tinta aurinegra. La Liga Endesa, expectante.
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