Crónica

Un Real Madrid redentor cambia maldición por supremacía (74-91)
En Barcelona, 19 años después de su último título, el Real Madrid ha levantado su 23ª Copa del Rey con una extraordinaria victoria por 74-91 ante el Barça Regal. El MVP Orange Sergio Llull (23 puntos) y Carroll (22), increíbles. ¡Vive la celebración blanca en Orange Arena!

74-91

EstadísticasListado de jugadas
Crónica del partidoFotos del partido
Teatro de emocionesLlull, MVP Orange
Laso: "Finales, para ganarlas"Pascual: "No estuvimos cómodos"
Récord de asistenciaDetalles del campeón
Triple TT mundialRudy: "Gran partido de todos"
Récords de NavarroEidson, lesionado
ACBTV: Resumen partidoACBTV: Alley Llull-Begic
ACBTV: Begic a dos manosEl mundo del basket en Twitter




Barcelona, 19 Feb. 2012.- ¡Campeón de Copa! El Real Madrid conquistó el trofeo que se le resistía desde 1993 en el segundo más triunfo más amplio en una final (74-91). Y lo logró frente a un Barça Regal que le tenía la medida totalmente tomada en los últimos años, que le había derrotado en 14 de las 16 veces que se vieron en este torneo y que por momentos le hizo parecer un segundón de lujo.



El Real Madrid, mucho más cómodo en pista, escribió el guion de su día más grande en los tiempos recientes de principio a fin, con un planteamiento perfecto de Laso de la mano de un ritmo alto que le favorecía y que dejó sin respuesta al equipo que mejor defiende. Con el MVP Orange Sergio Llull en estado pletórico (10 puntos en 7 minutos), los blancos se escaparon al término del primer periodo (17-22) y trabajaron su dominio durante el 2º, que concluyeron con 9 puntos de ventaja (33-42) tras un triple de Llull sobre la bocina.

Sin embargo, como pasó en semifinales, el equipo de Laso no remató a su rival y el Barça Regal lo aprovechó para, en su mejor versión, encadenar unos minutos de magia con Lorbek y Ndong de referentes, poniéndose a solo un punto de su rival (51-52). En ese momento, emergió la figura de Carroll (22 puntos), que con 6 puntos en unos segundos alejó otra vez al Real Madrid (56-65, m.30) y acabó dejando la final sin historia con un 0-8 con su firma en el último cuarto.

El conjunto madrileño volvió a tocar el cielo, tomando el testigo de los Sabonis, Arlauckas y compañía, volviendo a ser el Rey de Copas y regalándole un título inolvidable a una generación entera blanca que jamás celebró una Copa.



Llull suelta lastre

Carlos Suárez no lo veía justo. Le habían preguntado ya mil veces por la última Copa del Rey conquistada por el Real Madrid, aquella de 1993, y hasta cuándo duraría esa sequía. “A mí que me pidan explicaciones por las últimas, pero no podemos cargar nosotros un lastre de 19 años”, se lamentaba en la previa, con el amor propio herido. Hoy le tocaba luchar por cambiar la historia. Y cuando esa dama te mira, debes hacer todo por conquistarla.

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El primer balón lo transformó en un bello reverso que impulsaba al equipo en la mayor de sus batallas psicológicas a la que se enfrentó jamás. Su eterno enemigo, su verdugo, aquel que jugó con él a su merced durante los últimos años. Llull tomaba el testigo con un triple (0-5) y pese a que Eidson replicó desde el 6,75 poco después (8-9, m.4), el guion del inicio lo escribía el Real Madrid. De puño y letra.

Como en semifinales, Sergio Llull iba a un ritmo diferente al resto y se comía por momentos a Marcelinho Huertas. Con fuego en sus ojos y baloncesto en sus manos, su inspiración tiraba del carro madridista. Sus puntos, más todavía. Un tiro lateral que cayó nevado y vertical, le permitía alcanzar los 10 puntos en solo 6 minutos de juego y ponía al su conjunto con la máxima: 12-18.

Todo el juego visitante pasaba por las manos de Tomic, clavado en la zona para distribuir e inventar nuevas opciones de tiro para sus compañeros, que movían el balón con paciencia y esmero. Navarro puso en cuestión la superioridad madridista con un triple postrero, mas la canasta final de Singler permitía que el marcador (17-22) reflejase lo visto en pista al término del primer cuarto. El lastre del que hablaba Suárez parecía haber caído.

El Madrid marca el ritmo

El Barça Regal no se encontraba cómodo en pista. A merced de su rival, que había planteado un escenario donde se movía como pez en el agua, solo su calidad le permitía estar vivo en diez minutos tan diferentes a los deseados. Un mate de Fran Vázquez intentaba despertar a los suyos nada más arrancar el segundo periodo, pero enfrente había mucho más que un eterno rival.

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Había amor propio, muchas espinas clavadas y un complejo reciente de eterno segundón que se convertían, macedonia de sentimientos, en orgullo herido. Y eso siempre es peligroso. El incisivo Suárez, molesto con su propio destino, jugaba su partido más serio del año, haciendo mucho daño en la zona rival (21-28, m.13) y la defensa hacía el resto.

Begic simbolizaba la resistencia numantina del Real Madrid. El pívot estaba en todas, provocando fallos e incidiendo directamente en la forma de jugar del rival. Los infinitos brazos del pívot eclipsaban el aro blanco. Dos tapones poderosos de Mirza mandaban un mensaje al Barça Regal y, a continuación, un excelso mate, desató la locura en su equipo (23-32, m.14), con sus compañeros celebrando la canasta como si les acabase de dar el partido. Más tarde, con Velickovic tirándose al suelo para recuperar el balón más tonto y Felipe rematando desde media distancia (29-38, m.18).



Ante eso, el Barça Regal respondía con un Ndong que solo sabe jugar bien los partidos a vida o muerte. El senegalés de la sonrisa pegadiza se ponía muy serio en el momento más crítico para los suyos con una labor impagable, la visible y la que no. Por momentos, el anfitrión reaccionaba. Y a punto estuvo de dejar su lista de errores casi a cero y empezar un partido nuevo tras el descanso si no hubiera sido por Llull. En la última posesión de cuarto, cuando el Barça Regal lanzaba el contraataque para ponerse a 4, Sergio apareció, robó, puso calma, se la botó entre las piernas, tiró con la mano de su rival casi en su cara y encestó. 33-42. Mirada a la grada. Tres golpes al pecho. La primera gran batalla psicológica estaba ganada.

Remontada incompleta

No es la primera vez que el Real Madrid mandaba contra el Barça Regal jugándose un título. Esta vez parecía la definitiva. La seria puesta en escena del conjunto blanco, la impotencia del anfitrión, perdiéndose en defensa, y la impresionante fuerza mental del que acusaban de débil, parecían dejar un signo claro. Más hubiera sido si Mirotic hubiese anotado el intento de triple que le hubiera dado 14 de ventaja a su equipo nada más comenzar. El balón no entró y pronto volvieron los fantasmas. Y a emerger su rival.

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No se trata de un equipo más, sino del que era campeón vigente de Copa, de Liga Endesa, de Supercopa. Del líder. De la mejor defensa de Europa. Del verdugo, del rodillo… ¡del Barça Regal! Tuvo que hacerlo Ndong. El jugador barcelonista con más carácter en la final salvó el primer match ball y entre Lorbek y Mickeal se inventaban un 6-0 que incendió Sant Jordi.

Sobraban incluso los gestos de Sada pidiendo ruido porque el Palau estaba entregado ya. Ni siquiera el triple de Llull como respuesta, saludo militar incluido, frenaba las ansias de remontada de los aficionados locales, que llevaron en volandas al Barça Regal. Lorbek aparecía al fin con dos triples casi seguidos para ponerle la guinda a la gran remontada barcelonista: 51-52 (m.27) y dejar el partido, por primera vez desde el salto inicial, sin dueño.

Empero, si hay un tópico que no miente es aquel que desconfía de las remontadas incompletas. El Barça Regal no pudo ponerse por delante y ya jamás lo haría. Que pregunten por un escolta de Wyoming con cara de buenazo para averiguar el porqué. Se llama Jaycee Carroll y no le llaman Boom Boom por casualidad. En el CID ya le conocían y en Madrid, tras intuirle durante meses, ya le conocen. Y esta vez para siempre. Fueron dos chispazos para cambiar un partido, una final, una racha, una vida. Un 2+1 y un triple consecutivos del norteamericano alejaron al conjunto blanco y otra canasta de Llull sobre la bocina acercaban a los blancos a su sueño: 56-65.

Carroll remata la gesta blanca

Jaycee Carroll estaba caliente y arrancó el último cuarto de forma prodigiosa. Tan fugaz como mortal, una canasta y un par de triples en solo dos minutos teñían la Copa del Rey de blanco. 0-8. 56-72, minuto 32. Puñalada mortal. Así, simplemente, sin más historias. 19 años anhelando un título y dos minutos para sellarlo. Caprichos del basket.

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El Barça Regal se había quedado sin argumentos, preguntándose aún en qué momento llegó Jaycee para dejarle sin el threepit. Un triple de Navarro poco antes del ecuador del último acto fue el último signo vital blaugrana, dejando paso a un final en el que el Real Madrid, saboreó jugada a jugada, del placer del agua fría tras la sequía más larga.

Una por Sabonis. Otra por Arlauckas. Y por Biriukov. Que no falte Antonio Martín. Ni Pep Cargol, ni ninguno de aquella plantilla del 93 que conquistaron el último título blanco. Llull homenajeaba a los héroes de antaño, a la afición en la grada y al propio baloncesto. Su Real Madrid volaba, trasmitía y contagiaba. Alma de campeón.

No hubo mucho más emoción en el luminoso... aunque sí en pista. Con cada tiro, un complejo menos. Con cada celebración, un puñetazo a la maldición. Algún guiño más de Begic,unos minutos más de exhibición de Carroll, que no contento con martirizar con sus puntos al Barça Regal y dejar a su Real Madrid con 20 de ventaja (65-85, m.37), ponía hasta tapones, y dos gestos simbólicos para honrar al público local. Los aficionados barcelonistas aplaudieron a Llull, MVP Orange, y a Carroll, antes de que el partido agonizase (74-91, 2º máxima renta en una final) en las manos de Sergio Rodríguez, para júbilo de un Real Madrid que, entre lágrimas y abrazos, volvió a sentirse grande en la casa del máximo rival.

“Cuando el Real Madrid ganó la última Copa yo tenía 7 años”,
exclamaba por la mañana Suárez. Ahora podrá contar, al igual que toda una generación entera de madridistas, que la Copa también le pertenece. La paciencia es virtud vencedora, que decía Quevedo. Rey de Copas otra vez. La supremacía histórica pintada de blanco. El lastre fuera y un anhelo que superó la mayoría de edad inmortalizado para siempre en la imagen de Reyes levantando la Copa.



Daniel Barranquero
@danibarranquero
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Resto de la jornada



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