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El milagro serbio del Partizan pone a prueba al coloso Olympiacos
David contra Goliath en Paris. El duelo entre Partizan y Olympiacos es el partido de los desequilibrios; el dinero y las estrellas de El Piero se mide a la humildad y sencillez del equipo de los milagros. Frente a frente dos conjuntos que buscan repetir los éxitos alcanzados en la década de los noventa


Bo McCalebb ejemplifica el milagro serbio (Foto Euroleague/Getty)

Redacción, 7 May. 2010.- Hablar de la eliminatoria entre Partizan y Olympiacos es hablar de los contrates y el milagro del baloncesto. Contrastes porque en poco o nada se parece el equipo serbio al griego.

El primero está hecho a partir de la inagotable cantera balcánica y con el aderezo de dos norteamericanos de perfil medio. Nada que ver con la constelación de estrellas que una temporada más han reclutado los hermanos Angelopoulos para el equipo de El Pireo. Formado a base de talonario, Olympiacos tiene a algunos de los jugadores mejor pagados del continente (Josh Childress y Linas Kleiza son la punta de lanza de este faraónico proyecto deportivo) y son los griegos Theodoros Papaloukas y Ioannis Bouroussis los que dan el toque de identificación al equipo.


El milagro de los modestos

Pero como en el baloncesto no todo es dinero, el modesto pero orgulloso Partizan se ha colado en la fiesta de los más grandes completando uno de los viajes deportivos más alucinantes que se recuerdan en la reciente Euroliga. Y eso que el trayecto no comenzó bien, pues los serbios sólo contaban con una victoria en sus cuatro primeros partidos. Con 1-3 recibió a Olympiacos y su historia comenzó a cambiar. Su victoria sobre el conjunto heleno fue un impulso a sus aspiraciones y, aunque no sin problemas, logró meterse en el Top 16.

Allí le esperaba el otro transatlántico griego, el temible Panathinaikos. Pero el campeón de Europa no iba a ser rival y con una de las victorias más sorprendentes del año (59-74), Partizan daba un golpe en la mesa. La ajustada y polémica victoria sobre el Regal FC Barcelona en la sala Pionir sería el paso definitivo para colarse entre la penúltima fase de la Euroliga.

Estar entre los ocho mejores de Europa ya era todo un éxito para el equipo serbio, pero si hay algo que caracteriza a los equipos de Dusan Vujosevic es su inconformismo. Habían ganado a Olympiacos, a Panathinaikos y ahora debían de hacer lo mismo con otro millonario de Europa como Maccabi Tel Aviv. Con el Nokia Arena de la ciudad hebrea lleno, Dusan Kecman completó una de las actuaciones más portentosas del año (7/9 triples) y con 29 logró que Partizan completara una épica remontada de 21 puntos para asaltar la pista de Maccabi.

Lo más difícil estaba hecho y sólo había que rematar el trabajo en casa, en la temible sala Pionir. Un pabellón con 20.000 espectadores que llevó en volandas al equipo en los dos partidos como local y culminó el milagro.

Ahora el equipo llega a Paris como el rival propicio, pero quién se fía de esta Cenicienta capaz de tumbar a cuatro grandes de la Euroliga, remontar 21 puntos en Tel Aviv o ganar su liga con un triple desde medio campo en el último segundo. Partizan es el equipo de los imposibles hechos realidad y los hombres de Vujosevic parecen estar tocados por los dioses de la canasta ¿Será suficiente para repetir el éxito del 92?



El poderío griego vuelve a buscar una Euroliga que ya consiguió en 1997 (Foto Euroleague/Getty)

El dinero tiene recompensa

Para rememorar un pasado glorioso en Olympiacos no hace falta viajar tanto en el tiempo, en El Pireo recuerdan que, después de varios intentos a comienzo de la década de los 90, el éxito les llegó una día de primavera de 1997. Bajo la batuta en la pista de David Rivers en la pista y Dusan Ivkovic en el banquillo, los “Reds” conquistaron el título más deseado en Grecia.

Después vendría una nueva final perdida en 1999 y 10 años de sequía y transición por el desierto. Fueron años duros, de fracasos continentales y reconstrucción del proyecto. Pero como el tiempo y el dinero tienen recompensa, el multimillonario equipo de los Angelopoulos tuvo su recompensa y el año pasado regresó a una Final Four.

En el 2010 intentará sumar su segunda Euroliga con un equipo plagado de estrellas que ha tenido un firme caminar por Europa. En la fase inicial sólo perdió en sus visitas a Málaga y Belgrado y ya en el Top 16 cedió en el último encuentro de grupo frente al Khimki cuando ya lo tenía todo hecho. Un cruce plácido frente al Asseco Prokom cierra un caminar que tiene en Paris su próxima y última parada. De conquistar la Euroliga, esta aventura helena también habrá concluido una larga travesía… aunque en ningún caso será una odisea como la del relato de Homero.



Los contrastes se dan cita en Paris (Foto Euroleague/Getty)


Bajo el sello de la NBA

El pasado reciente de Olympiacos está íntimamente ligado a la NBA. El interés de sus propietarios por hacer grandes equipos les ha llevado durante mucho tiempo en fijarse en la gran liga norteamericana para completar sus plantillas.
Fue a comienzos de los noventa cuando desde El Pireo se pensó que la NBA podía ser un buen puerto donde atracar sus naves. Mandaban emisarios con dinero, pero por entonces sólo viejas glorias se atrevían a zarpar rumbo a Atenas. Eddie Johnson y Roy Tarpley fueron dos de los pioneros y pero fue David Rivers quien trajo el más valioso trofeo europeo.

Guiado por el recuerdo de este pasado glorioso, Olympiacos aparcó la crisis de comienzo de siglo y en los últimos años ha vuelto a poner sus ojos al otro lado del charco. Pero esta vez no se ha conformado con jugadores venidos a menos y “ha robado” a dos hombres con caché como Josh Childress y Linas Kleiza. Ambos apostaron por el poder del euro (cuanto menso curioso que los clubes Mais ricos estén en un país hundido en la deuda) y se olvidaron del show business americano para competir en Europa.

Tras un año de adaptación donde fue muy criticado, Childress ha demostrado esta temporada que puede llegar a ser uno de los jugadores más dominantes de la Euroliga. Su físico es impresionante y pocos le pueden detener cuando encara la canasta. Baja muchos enteros cuando se le flota y le dejan tirar, pero ayuda en el rebote como nadie (ojo en su capacidad para el rebote ofensivo) y es un puñal en los contraataques. Él es el espectáculo en Atenas.

Con más de 17 puntos por partidos, Linas Kleiza se ha llevado el trofeo Alphonso Ford al máximo anotador de la Euroliga. Su impacto en la competición ha sido incuestionable desde el primer día y es una de las claves de la semifinal.



Dos colosos de la zona se medirán por un puesto en la final (Foto Euroleague/Getty)

Cara a cara

  • Bo McCalebb vs Milos Teodosic: Son dos de las revelaciones de la temporada. El serbio asombró en el Eurobasket y por fin ha convencido a Giannakis para llevar el timón de la nave griega. Es un base de los de antes, cerebral, metódico en la dirección y sobrio en defensa. Pese a que tiene un tiro fiable de larga distancia, no es un excelso anotador porque el peligro está en sus pases. Es un genio y como tal nunca da un balón o un encuentro por perdido.

    La historia del base de Partizan es la historia de la superación. Es un héroe en Nueva Orleans, el Katrina azotó su vida como destrozó a la ciudad donde creció y todo el mundo recuerda su nombre. Las puertas de la NBA se cerraron para él y abrieron las de Europa a través de un modesto equipo turco. Tras un año donde ha demostrado que puede desequilibrar a la defensa más inexpugnable, McCalebb ha dejado de ser un desconocido.


  • Jan Vesely vs Linas Kleiza: Pese a que sólo tiene 25 años, el alero lituano de Olympiacos es todo un veterano del baloncesto. Jugó la pasada final de Conferencia Oeste con Denver Nuggets y durante años se ha labrado un camino en la NBA y los campeonatos internacionales que ha disputado con Lituania. Regresó a Europa para ser grande y lo está consiguiendo.

    Un camino contrario al de su rival de este viernes quiere llevar a cabo el checo Vesely. Su juego dista mucho de la potencia y fuerza de Kleiza, en Vesely se intuye un virtuosismo y esa conjura de físico y talento propia de los jugadores del siglo XXI. Si los nervios no le atemorizan el duelo le puede servir para baremar donde está su verdadero destino.


  • Aleks Maric vs Ioannis Bouroussis: Aunque suene recurrente, estamos ante un duelo de colosos. Dos rocosos pivots cortados con los mismos patrones con los que vestían los hombres grandes a finales del siglo pasado y que han puesto de moda al ‘cinco’ de toda la vida.

    Eso sí, hasta aquí las comparaciones, porque mientras Bouroussis es un referente internacional, lo de Maric es la ejemplificación individual del milagro de Belgrado. Tras un paso discreto por el CB granada, el pívot australiano ha sido el jugador revelación de la Euroliga. La confianza de Vujosevic ha elevado su juego a cotas insospechables pero ahora tiene que vérselas con uno de los mejores pivots de Europa. La lucha bajo los tableros va a ser terrible y marcará el devenir del encuentro.

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